
lunes, octubre 26, 2009
miércoles, septiembre 30, 2009
La representación de la negritud en los actos escolares del 25 de Mayo
Algunas aproximaciones para pensar el tema
Anny Ocoró Loango *
Los actos escolares del 25 de Mayo son uno de los pocos espacios en los que la negritud circula para la memoria nacional argentina; como lo afirma Grimson (2007) “la única representación de la Nación donde es incluida la población afrodescendiente”.
El 25 de Mayo representa para la Argentina una de las efemérides más importantes, constituyendo un ritual de gran significado en la construcción y reforzamiento de la identidad nacional. A partir de esta constatación, resolví iniciar una investigación en torno al papel de estas representaciones de la negritud en los actos escolares de la Argentina.
La observación etnográfica que hemos realizado nos indicó que en la representación escolar los niños y niñas cubren sus rostros con “corcho quemado” y llevan atuendos vistosos y coloridos. Son variadas las representaciones que se incluyen sobre los afrodescendientes; estos aparecen bailando candombes y celebrando la destitución de último virrey y la llegada del primer gobierno patrio. También se incluye la representación de población negra como los vendedores de velas, las mazamorreras, el sereno que menciona pregones relacionados con la actividad u ocupación desarrollada.
Cabe mencionar que los primeros africanos esclavizados arribaron a la Argentina, inicialmente en forma esporádica, en el siglo XVI y en la primera mitad del siglo XVII y llegaron a constituir porcentajes poblacionales muy significativos. Durante el período colonial, los miembros de la población negra esclavizados fueron destinados a cumplir muchas y variadas tareas. Contrario a la imagen que los sitúa meramente en actividades domésticas (entendiendo el trabajo en las casas de las familias blancas/ criollas), los integrantes de la población negra no solo estuvieron destinados a estas tareas y servicios, sino que sostuvieron el sistema económico (ganadería, agricultura, carpintería, manufactura, panadería, artesanía, herrería, sastrería, zapatería, aguateros, changadores, entre otros). Fue tal su vinculación que Andrews (1989) afirma que “si cada trabajador esclavo del Buenos Aires de 1800 hubiese desaparecido repentinamente, la actividad económica se habría detenido en una cuestión de horas”. Aunque la población negra no fue aniquilada totalmente -como es una noción extendida en el sentido común y en parte de la literatura especializada-, sí decreció de manera considerable a lo largo de diversos procesos durante el siglo XIX. Sin embargo, en la construcción de la nacionalidad argentina las identidades negras fueron marginadas e invisibilizadas.
De esta manera, se fue construyendo la idea de una Argentina sin población negra, lo que es parte de una construcción ideológica que afirma como elementos centrales de la identidad nacional a la raza blanca y la cultura europea (Yao, 2002). La escenificación que la escuela desarrolló hasta hoy destaca la alegría como expresión musical y gestual: el negro es un personaje que canta y se ríe, aunque también se incluye que se trataba de un negro esclavo o criado e integraba el más bajo estrato social. En los personajes que la escuela construye, el negro aparece con su contraparte: la de las damas y caballeros de sociedad. Las marcas de la identidad están inscriptas en el cuerpo, siendo el cuerpo objeto de comunicación que habla acerca de quién es el otro; esto es un lugar en donde se alojan los posicionamientos sociales, los lugares ocupados en la sociedad y la manera como los otros ven y se confirman a sí mismos.
Por un lado, la seriedad estilizada y liderazgo de los señores y damas antiguas y, por el otro, la otredad representada en un negro/a jocoso/a que pronuncia mal las palabras. De esta manera, las identidades negras aparecen estereotipadas, esencializadas y ancladas a la época colonial, y crean así una representación que aunque lo visibiliza y sujeta a un contexto socio-histórico específico, invisibliza, bajo una aparente neutralidad, las relaciones de fuerza y de poder en las que estaba inserto, subordinando las marcas de la explotación y la esclavización a la teatralizacióndel ritual escolar.
Por otro lado, también nos resulta llamativo que una representación de bailes de candombes africanos se sostenga hoy en la celebración de una fecha patria. Valdría la pena recordar que los candombes -en muchos casos- fueron censurados y prohibidos por las autoridades locales (González, 1999). ¿Qué pensarían entonces al ver hoy a los escolares bailando candombes en las escuelas, cada 25 de Mayo?
Para concluir, podemos decir que la escuela como operadora de la cultura no solo interviene sobre la memoria histórica y la identidad nacional, sino que también construye un presente portador de concepciones e imaginarios acerca de las identidades negras, las que convendría problematizar. Desde los actos escolares es posible contribuir a reflexionar sobre el papel de la negritud en la construcción de la nacionalidad y, en esta dirección, colaborar para que la educación sea el canal para el desarrollo plural e inclusivo de todas las identidades étnicas que conviven hoy en la Argentina.
*Lic. en Ciencias Sociales Universidad del Valle (Cali, Colombia). Estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales con Orientación en Educación Flacso-Argentina.
Referencias bibliográficas
Andrews, George Reid. Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1989, pág. 31.
Grimson, A. y Amati, M. “La nación escenificada por el estado. Una comparación de rituales patrios”. En Grimson A. (Comp.) Pasiones Nacionales, Buenos Aires, Edhasa, 2007, pág. 419. González, Pilar. Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en Buenos Aires, 1829-1862. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica de la Argentina, 1999.
Yao, Arséne.“Negros en Argentina: integración e identidad”. Revue de Civilisation Contemporaine de l’Université de BretagneOccidentale EUROPES / AMÉRIQUES, 2002.
Disponible en: http://www.univ-brest.fr/amnis/
Anny Ocoró Loango *
Los actos escolares del 25 de Mayo son uno de los pocos espacios en los que la negritud circula para la memoria nacional argentina; como lo afirma Grimson (2007) “la única representación de la Nación donde es incluida la población afrodescendiente”.
El 25 de Mayo representa para la Argentina una de las efemérides más importantes, constituyendo un ritual de gran significado en la construcción y reforzamiento de la identidad nacional. A partir de esta constatación, resolví iniciar una investigación en torno al papel de estas representaciones de la negritud en los actos escolares de la Argentina.
La observación etnográfica que hemos realizado nos indicó que en la representación escolar los niños y niñas cubren sus rostros con “corcho quemado” y llevan atuendos vistosos y coloridos. Son variadas las representaciones que se incluyen sobre los afrodescendientes; estos aparecen bailando candombes y celebrando la destitución de último virrey y la llegada del primer gobierno patrio. También se incluye la representación de población negra como los vendedores de velas, las mazamorreras, el sereno que menciona pregones relacionados con la actividad u ocupación desarrollada.
Cabe mencionar que los primeros africanos esclavizados arribaron a la Argentina, inicialmente en forma esporádica, en el siglo XVI y en la primera mitad del siglo XVII y llegaron a constituir porcentajes poblacionales muy significativos. Durante el período colonial, los miembros de la población negra esclavizados fueron destinados a cumplir muchas y variadas tareas. Contrario a la imagen que los sitúa meramente en actividades domésticas (entendiendo el trabajo en las casas de las familias blancas/ criollas), los integrantes de la población negra no solo estuvieron destinados a estas tareas y servicios, sino que sostuvieron el sistema económico (ganadería, agricultura, carpintería, manufactura, panadería, artesanía, herrería, sastrería, zapatería, aguateros, changadores, entre otros). Fue tal su vinculación que Andrews (1989) afirma que “si cada trabajador esclavo del Buenos Aires de 1800 hubiese desaparecido repentinamente, la actividad económica se habría detenido en una cuestión de horas”. Aunque la población negra no fue aniquilada totalmente -como es una noción extendida en el sentido común y en parte de la literatura especializada-, sí decreció de manera considerable a lo largo de diversos procesos durante el siglo XIX. Sin embargo, en la construcción de la nacionalidad argentina las identidades negras fueron marginadas e invisibilizadas.
De esta manera, se fue construyendo la idea de una Argentina sin población negra, lo que es parte de una construcción ideológica que afirma como elementos centrales de la identidad nacional a la raza blanca y la cultura europea (Yao, 2002). La escenificación que la escuela desarrolló hasta hoy destaca la alegría como expresión musical y gestual: el negro es un personaje que canta y se ríe, aunque también se incluye que se trataba de un negro esclavo o criado e integraba el más bajo estrato social. En los personajes que la escuela construye, el negro aparece con su contraparte: la de las damas y caballeros de sociedad. Las marcas de la identidad están inscriptas en el cuerpo, siendo el cuerpo objeto de comunicación que habla acerca de quién es el otro; esto es un lugar en donde se alojan los posicionamientos sociales, los lugares ocupados en la sociedad y la manera como los otros ven y se confirman a sí mismos.
Por un lado, la seriedad estilizada y liderazgo de los señores y damas antiguas y, por el otro, la otredad representada en un negro/a jocoso/a que pronuncia mal las palabras. De esta manera, las identidades negras aparecen estereotipadas, esencializadas y ancladas a la época colonial, y crean así una representación que aunque lo visibiliza y sujeta a un contexto socio-histórico específico, invisibliza, bajo una aparente neutralidad, las relaciones de fuerza y de poder en las que estaba inserto, subordinando las marcas de la explotación y la esclavización a la teatralizacióndel ritual escolar.
Por otro lado, también nos resulta llamativo que una representación de bailes de candombes africanos se sostenga hoy en la celebración de una fecha patria. Valdría la pena recordar que los candombes -en muchos casos- fueron censurados y prohibidos por las autoridades locales (González, 1999). ¿Qué pensarían entonces al ver hoy a los escolares bailando candombes en las escuelas, cada 25 de Mayo?
Para concluir, podemos decir que la escuela como operadora de la cultura no solo interviene sobre la memoria histórica y la identidad nacional, sino que también construye un presente portador de concepciones e imaginarios acerca de las identidades negras, las que convendría problematizar. Desde los actos escolares es posible contribuir a reflexionar sobre el papel de la negritud en la construcción de la nacionalidad y, en esta dirección, colaborar para que la educación sea el canal para el desarrollo plural e inclusivo de todas las identidades étnicas que conviven hoy en la Argentina.
*Lic. en Ciencias Sociales Universidad del Valle (Cali, Colombia). Estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales con Orientación en Educación Flacso-Argentina.
Referencias bibliográficas
Andrews, George Reid. Los afroargentinos de Buenos Aires. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1989, pág. 31.
Grimson, A. y Amati, M. “La nación escenificada por el estado. Una comparación de rituales patrios”. En Grimson A. (Comp.) Pasiones Nacionales, Buenos Aires, Edhasa, 2007, pág. 419. González, Pilar. Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en Buenos Aires, 1829-1862. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica de la Argentina, 1999.
Yao, Arséne.“Negros en Argentina: integración e identidad”. Revue de Civilisation Contemporaine de l’Université de BretagneOccidentale EUROPES / AMÉRIQUES, 2002.
Disponible en: http://www.univ-brest.fr/amnis/
martes, septiembre 08, 2009
jueves, agosto 27, 2009
jueves, agosto 06, 2009
Fernando Núñez: UNA FORMA DE VIDA, UNA CULTURA COTIDIANA

Se llama Fernando Núñez. Es candombero de calle, músico de escenario y luthier. Nacido en una familia de cinco generaciones relacionadas con el candombe, fundadores de la primer comparsa de Montevideo. Hijo del mítico “Lobo” Núñez e integrante de los grupos musicales La Calenda Beat y Rey Tambor, con Hugo Fatorusso. A sus 28 años de candombe, es una mirada joven que respeta la tradición, manteniendo su cultura como una forma de vida. Sin competencias, disfrutando de compartir, haciendo música y construyendo tambores. Lo entrevistamos. Queríamos saber qué pensaba y sentía en relación con el candombe, las raíces africanas, la tradición y las llamadas en Montevideo.
El sábado 13 de junio Fernando Núñez dio una clínica de candombe en Buenos Aires. Habló de la historia del candombe, de las características de las diferentes corrientes, del desarrollo y de los diferentes toques del chico, repique, piano. Ese fue el marco que hizo posible esta entrevista, donde Núñez no desperdicia palabras.
¿Qué es el candombe para vos?
Es difícil de definir en pocas palabras... para mí el candombe es cultura. Va mas allá del carnaval, es una forma de vivir. Yo vivo del y con el candombe. No tengo una realidad despegada por fuera de él; con el tema de trabajar con los tambores, como percusionista pero más que nada como tocador de candombe, se me hace muy difícil pensar mi vida sin que esté el candombe.
¿Cómo vivís lo “cotidiano” de la calle?
Para mí eso es lo mejor: poder tocar con amigos, con gente que uno quiere, disfrutar de un momento en que realmente te podés abstraer de todo. El candombe tiene como una cosa mágica, donde uno puede estar cansado pero terminás de tocar y estás como nuevo. Si bien este año estoy más tranquilo, el año pasado estuve tocando con la comparsa Isla de Flores y también participando en una cuerda que se formó con chiquilines del Barrio Sur; les dimos el apoyo para presentarse en la Movida Joven y ganamos. Ese fue el envión que necesitaban para formar una comparsa. En el momento que empiece a salir esa cuerda, yo voy a estar ahí.
Energéticamente, ¿qué dice cada tambor?
Creo que cada tambor tiene que ver mucho con la forma de ser de la persona. El “chico” es para una persona tranquila, centrada, para alguien que pueda asumir ese rol. Yo he visto que para las personas más libres de cabeza su tambor es el “repique”, y que las figuras que se imponen o que tienen personalidad más fuerte, prefieren el “piano”. No sé... tampoco es un horóscopo (risas). Pero está bueno practicarlos a todos de vez en cuando...
¿Cuál es tu tambor, con cuál te identificás?
Mi tambor es el “chico”, es el tambor que, llegado el momento, no se si yo lo elegí a él o él me eligió a mí. Me acuerdo que de chico tocaba más el “repique”, y el “piano” lo tocaba más de grande. En sí, puedo tocar los tres porque todos los tambores tienen lo suyo... pero el que me da más satisfacción es el “chico”.
En cuanto al carnaval y las llamadas, ¿qué opinás sobre la competencia con intereses económicos?
En ese sentido, yo veo que hay dos grandes corrientes: el carnaval o el ambiente comparsero, y lo que es “un candombero”. Si tuviera que definirme, yo soy candombero. No necesito de un carnaval para serlo, pero hay gente que lo vive de la otra forma.
¿Pensás que el crecimiento de las llamadas juega en contra de la tradición; de concebir el candombe como lo cotidiano?
No es la llamada en sí, sino el manejo y la dirección que le dan los que generalmente toman decisiones o juzgan: es gente que no tiene ni idea. Las cosas evolucionan y está bien, es normal, pero lo que no está bueno es cuando vos querés imponer algo, que es lo que pasa con muchas cosas.Con la imposición aparece el tema de la competencia, ¿no?Es un tema complicado, porque es una competencia entre comillas. Muchas veces la torta ya está repartida de antemano. A veces cuesta que la gente abra los ojos y se de cuenta de que más allá de que sea cultura, es un negocio que da mucho rédito. Y tenés una de dos: o seguís con la cabeza en la tradición y mantenés tu comparsa como un “hobbie” caro, o te metés dentro del ruedo y jugás con las reglas de juego. Y muchas veces se trata de ver quién inventa más. Pero no sé a dónde se dirige eso...
Todo este espectáculo-negocio, ¿ha logrado algún beneficio para las familias tradicionales del candombe?
En general, nadie las familias tradicionales del candombe puede decir que vive de eso; se trata de gente que labura de otra cosa y que en ese momento puede lograr un rédito económico ínfimo, si se compara con lo que genera el todo. Si uno compara los premios que ganan las comparsas con la inversión que tienen que hacer, el resultado es ridículo. No está bien equilibrado, falta gente que respete un poco más.Contanos sobre la Calenda en la calle, su historiaYa hace unos cuantos años que salimos con La Calenda... no funcionamos como una comparsa clásica y tuvimos dos participaciones en las llamadas, básicamente por el ímpetu de los más jóvenes de querer salir. Así fui y la anote como director. Hasta ahora figuro como el director más joven, porque tenía 19 años en ese entonces. Una locura. Juntamos el dinero haciendo colectas, hicimos la ropa, etc. Pero en realidad nos caracterizamos más como grupo folklórico, para tocar en festivales, fiestas. Y tenemos fechas de las que nosotros hicimos una tradición casi religiosa, en las que salimos siempre, a no ser que llueva: la madrugada del 25 de diciembre, la del 1 de enero y el 6 de enero por la tarde
.¿Que sucede actualmente con la salida tradicional del 6 de enero?
Sabemos que es algo que viene manteniendo especialmente tu familia, en el barrio. Hasta hace poco sucedía el cruce de cuerdas entre Sur y Palermo. Los que estábamos manteniendo esa tradición, de cruzar tocando al barrio vecino, éramos La Calenda y se daba más que nada el 6 de enero. Pero desde 2005 se organiza un desfile de comparsas ese día, utilizando el mismo recorrido. El primer año lo hicieron como un acto de protesta, como una contra llamada; fueron las cuerdas y desfilaron. Al otro año, fueron con bailarinas. Al otro, con ropa y ahora esta pareciéndose más al desfile de llamadas de carnaval. “Las llamadas” ya están. ¿Cómo se va a protestar contra algo haciendo lo mismo? Nosotros no tenemos ganas de participar, seguimos haciendo lo que veníamos haciendo. El problema es que antes se cruzaba con respeto, ahora salen 30 comparsas que no son de acá, y no respetan a los tambores del barrio y su tradición. No entienden que quienes tienen que tener respeto son ellos, ese gesto no lo están teniendo. Hay que empezar a descentralizar, ¿por qué tienen que venir todos a tocar a Barrio Sur?
¿Qué opinas de los cortes?
Es algo impuesto, algo para engañar el ojo. Buscan un efecto exitista. Primero fue una innovación, después fue moda y hoy no se sabe. Se busca hacer cosas complicadas, que muchas veces una cuerda de cuarenta tamborileros no puede tocar.El corte corta; vos tenés un tiempo en la cuerda, desde que arranca hasta que se logra la melodía; Y si vos cada media cuadra parás para hacer un arreglo, no se arma nunca.Eso que lo dejen para el teatro de verano, en la llamada hay que tocar de punta a punta como ha sido toda la vida, como debe ser. La pasadera de tambores también es algo que corta, yo si dejo de tocar siento que estoy defraudando, que abandono.
Volviendo a lo ancestral y para ir cerrando, ¿sentís que queda algo de lo religioso en el candombe?
Lo que se puede ver como religioso es el respeto hacia la cultura; creo que nunca estuvo muy ligado a la religión, sino en términos festivos y ligados a la comunicación.
¿Qué aportes africanos se sostienen en la actualidad en el candombe?
La forma de hacer las cosas. Hay otra distensión, creo que es el concepto de vivir la vida en el día a día, agarrar la cosa como viene. La raíz, obviamente, es africana. Pero este ritmo, como otros, ya dejaron de ser netamente africanos. Son parte de la cultura americana en relación con lo criollo, esto es de acá.
www.myspace.com/lacalendabeat
www.myspace.com/reytambor
Revista Quilombo!
El sábado 13 de junio Fernando Núñez dio una clínica de candombe en Buenos Aires. Habló de la historia del candombe, de las características de las diferentes corrientes, del desarrollo y de los diferentes toques del chico, repique, piano. Ese fue el marco que hizo posible esta entrevista, donde Núñez no desperdicia palabras.
¿Qué es el candombe para vos?
Es difícil de definir en pocas palabras... para mí el candombe es cultura. Va mas allá del carnaval, es una forma de vivir. Yo vivo del y con el candombe. No tengo una realidad despegada por fuera de él; con el tema de trabajar con los tambores, como percusionista pero más que nada como tocador de candombe, se me hace muy difícil pensar mi vida sin que esté el candombe.
¿Cómo vivís lo “cotidiano” de la calle?
Para mí eso es lo mejor: poder tocar con amigos, con gente que uno quiere, disfrutar de un momento en que realmente te podés abstraer de todo. El candombe tiene como una cosa mágica, donde uno puede estar cansado pero terminás de tocar y estás como nuevo. Si bien este año estoy más tranquilo, el año pasado estuve tocando con la comparsa Isla de Flores y también participando en una cuerda que se formó con chiquilines del Barrio Sur; les dimos el apoyo para presentarse en la Movida Joven y ganamos. Ese fue el envión que necesitaban para formar una comparsa. En el momento que empiece a salir esa cuerda, yo voy a estar ahí.
Energéticamente, ¿qué dice cada tambor?
Creo que cada tambor tiene que ver mucho con la forma de ser de la persona. El “chico” es para una persona tranquila, centrada, para alguien que pueda asumir ese rol. Yo he visto que para las personas más libres de cabeza su tambor es el “repique”, y que las figuras que se imponen o que tienen personalidad más fuerte, prefieren el “piano”. No sé... tampoco es un horóscopo (risas). Pero está bueno practicarlos a todos de vez en cuando...
¿Cuál es tu tambor, con cuál te identificás?
Mi tambor es el “chico”, es el tambor que, llegado el momento, no se si yo lo elegí a él o él me eligió a mí. Me acuerdo que de chico tocaba más el “repique”, y el “piano” lo tocaba más de grande. En sí, puedo tocar los tres porque todos los tambores tienen lo suyo... pero el que me da más satisfacción es el “chico”.
En cuanto al carnaval y las llamadas, ¿qué opinás sobre la competencia con intereses económicos?
En ese sentido, yo veo que hay dos grandes corrientes: el carnaval o el ambiente comparsero, y lo que es “un candombero”. Si tuviera que definirme, yo soy candombero. No necesito de un carnaval para serlo, pero hay gente que lo vive de la otra forma.
¿Pensás que el crecimiento de las llamadas juega en contra de la tradición; de concebir el candombe como lo cotidiano?
No es la llamada en sí, sino el manejo y la dirección que le dan los que generalmente toman decisiones o juzgan: es gente que no tiene ni idea. Las cosas evolucionan y está bien, es normal, pero lo que no está bueno es cuando vos querés imponer algo, que es lo que pasa con muchas cosas.Con la imposición aparece el tema de la competencia, ¿no?Es un tema complicado, porque es una competencia entre comillas. Muchas veces la torta ya está repartida de antemano. A veces cuesta que la gente abra los ojos y se de cuenta de que más allá de que sea cultura, es un negocio que da mucho rédito. Y tenés una de dos: o seguís con la cabeza en la tradición y mantenés tu comparsa como un “hobbie” caro, o te metés dentro del ruedo y jugás con las reglas de juego. Y muchas veces se trata de ver quién inventa más. Pero no sé a dónde se dirige eso...
Todo este espectáculo-negocio, ¿ha logrado algún beneficio para las familias tradicionales del candombe?
En general, nadie las familias tradicionales del candombe puede decir que vive de eso; se trata de gente que labura de otra cosa y que en ese momento puede lograr un rédito económico ínfimo, si se compara con lo que genera el todo. Si uno compara los premios que ganan las comparsas con la inversión que tienen que hacer, el resultado es ridículo. No está bien equilibrado, falta gente que respete un poco más.Contanos sobre la Calenda en la calle, su historiaYa hace unos cuantos años que salimos con La Calenda... no funcionamos como una comparsa clásica y tuvimos dos participaciones en las llamadas, básicamente por el ímpetu de los más jóvenes de querer salir. Así fui y la anote como director. Hasta ahora figuro como el director más joven, porque tenía 19 años en ese entonces. Una locura. Juntamos el dinero haciendo colectas, hicimos la ropa, etc. Pero en realidad nos caracterizamos más como grupo folklórico, para tocar en festivales, fiestas. Y tenemos fechas de las que nosotros hicimos una tradición casi religiosa, en las que salimos siempre, a no ser que llueva: la madrugada del 25 de diciembre, la del 1 de enero y el 6 de enero por la tarde
.¿Que sucede actualmente con la salida tradicional del 6 de enero?
Sabemos que es algo que viene manteniendo especialmente tu familia, en el barrio. Hasta hace poco sucedía el cruce de cuerdas entre Sur y Palermo. Los que estábamos manteniendo esa tradición, de cruzar tocando al barrio vecino, éramos La Calenda y se daba más que nada el 6 de enero. Pero desde 2005 se organiza un desfile de comparsas ese día, utilizando el mismo recorrido. El primer año lo hicieron como un acto de protesta, como una contra llamada; fueron las cuerdas y desfilaron. Al otro año, fueron con bailarinas. Al otro, con ropa y ahora esta pareciéndose más al desfile de llamadas de carnaval. “Las llamadas” ya están. ¿Cómo se va a protestar contra algo haciendo lo mismo? Nosotros no tenemos ganas de participar, seguimos haciendo lo que veníamos haciendo. El problema es que antes se cruzaba con respeto, ahora salen 30 comparsas que no son de acá, y no respetan a los tambores del barrio y su tradición. No entienden que quienes tienen que tener respeto son ellos, ese gesto no lo están teniendo. Hay que empezar a descentralizar, ¿por qué tienen que venir todos a tocar a Barrio Sur?
¿Qué opinas de los cortes?
Es algo impuesto, algo para engañar el ojo. Buscan un efecto exitista. Primero fue una innovación, después fue moda y hoy no se sabe. Se busca hacer cosas complicadas, que muchas veces una cuerda de cuarenta tamborileros no puede tocar.El corte corta; vos tenés un tiempo en la cuerda, desde que arranca hasta que se logra la melodía; Y si vos cada media cuadra parás para hacer un arreglo, no se arma nunca.Eso que lo dejen para el teatro de verano, en la llamada hay que tocar de punta a punta como ha sido toda la vida, como debe ser. La pasadera de tambores también es algo que corta, yo si dejo de tocar siento que estoy defraudando, que abandono.
Volviendo a lo ancestral y para ir cerrando, ¿sentís que queda algo de lo religioso en el candombe?
Lo que se puede ver como religioso es el respeto hacia la cultura; creo que nunca estuvo muy ligado a la religión, sino en términos festivos y ligados a la comunicación.
¿Qué aportes africanos se sostienen en la actualidad en el candombe?
La forma de hacer las cosas. Hay otra distensión, creo que es el concepto de vivir la vida en el día a día, agarrar la cosa como viene. La raíz, obviamente, es africana. Pero este ritmo, como otros, ya dejaron de ser netamente africanos. Son parte de la cultura americana en relación con lo criollo, esto es de acá.
www.myspace.com/lacalendabeat
www.myspace.com/reytambor
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martes, julio 28, 2009
miércoles, junio 03, 2009
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